En el año 2004 llegó ‘Crash’, una película que sin ser nada del otro mundo, se alzó con el Oscar a la mejor película y abrió todo un mundo de posibilidades para el cine de historia coral, algo que lleva haciendo, por ejemplo, el director Robert Altman durante décadas sin que nadie parezca reparar mucho en ello.
‘Cuatro vidas’ (traducción libre del original ‘The Air I Breathe’) es otra historia que enlaza como quiere las vidas de cuatro personajes que se mueven entre la tristeza y la fatalidad, y que están interpretados por Forest Whitaker, Brendan Fraser, Sarah Michelle Gellar y Kevin Bacon. Son, respectivamente, la felicidad, el placer, el sufrimiento y el amor. Dirigida y escrita por Jieho Lee, la película da la sensación de ser un videoclip, un espectáculo vacío que no capta la atención del público porque en ningún momento se esfuerza en conseguirlo.
La película intenta unir, con un nexo muy débil, las historias de cuatro personajes que, por lo general, salen muy mal parados y que, de una forma o de otra, están condicionados por un gángster al que llaman Dedos, interpretado por Andy García en el tipo de papel en el que se siente más cómodo: el de mafioso fanfarrón, que a día de hoy da más sensación de caspa que de otra cosa. No hay trama, porque se pretenden contar tantas cosas en los veinte minutos que se le dedica a cada uno de los personajes que todo resulta gratuito. ‘Cuatro vidas’ es el culmen de lo artificial, de aparentar que hay mucho contenido cuando en realidad no hay ninguno. Los actores debían de saberlo, porque un actorazo como Forest Whitaker está aquí muy flojo, en una historia ridícula sobre un hombre infeliz que hace una gran apuesta en una carrera de caballos. Luego llegamos a la historia de un matón (Brendan Fraser) que es capaz de predecir el futuro y no puede cambiarlo. En el momento en el que se encarga de cuidar al insoportable sobrino de su jefe (Emile Hirsch), todo cambia. Por otro lado, Trista (Sarah Michelle Gellar) es una diva del pop que siente cómo su figura es un objeto al servicio de la fama y el márketing, y por último, se relata cómo un doctor, en medio de una crisis existencial porque su amor de toda la vida (Julie Delpy) se casa con su mejor amigo, busca desesperadamente un donante de sangre excepcional.
‘Cuatro vidas’ tiene algunas virtudes, y algún que otro giro está suficientemente aprovechado, pero en su mayoría es un telefilm muy adornado, con interpretaciones muy poco convincentes (sólo salvo a Kevin Bacon, y por poco), discreta música y argumento rebuscadísimo y por tanto inverosímil. Lo peor es que jamás conecta con el espectador, y es imposible identificarse con algo. Todos los que piensen que ‘Crash’ no era para tanto (me incluyo en este grupo), pueden ver cómo aquella película es una obra maestra comparado con este despropósito. Pasa como con ‘The Dead Girl’, una película muy similar. Se tambalea constantemente entre vidas carentes de interés, y se llega a los créditos finales con la sensación de no haber visto una película de calidad como a priori podía parecer. Es una película hecha con prisas, con un guión muy pobre y con una falta alarmante de intenciones concretas.
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